Mucha tinta y bits han corrido con el tema de
Sin tetas no hay paraíso, la miniserie de televisión que se emite actualmente en Colombia por Caracol Televisión. No tengo mucho que decir de nuevo sobre este programa, más allá de señalar que la polémica que se está dando en los medios tiene todos los matices que van desde las clericales propuestas de erradicar ese programa satánico del espectro hasta las que dicen que es un espacio educativo.
Por ahora sería justo ver la miniserie que no ha terminado de desarrollar su nudo y las implicaciones totales las tendremos al finalizar y ver la 'firma', la impronta con la que en el último capítulo, el canal intente dejar un mensaje en la audiencia. No he leído el libro de Gustavo Bolívar, texto en el que se basa la serie y por eso ignoro cuál es la moraleja del punto final.
En su justa proporción diría que la obra no es satánica como pretenden ver las asociaciones cristianas ni es "educativa" como pretenden Caracol y su autor. Periodísticamente es muy simple, le falta más investigación; narrativamente, lo es aún más. Tiene libretos flojos y muy malos especialmente en el diálogo de hace unos capítulos en el que el cirujano le "explica" a la protagonista las razones para no operarla por los riesgos derivados de la edad de la paciente. Lo hace con TODOS los términos médicos, como si se tratara de una conversación entre pares académicos. El libretista quiso mostrar toda su investigación en una línea. Falso, muy falso se vio eso. Y con la misma facilidad, cinco minutos después acepta cuando le dicen que le van a pagar en efectivo.
Independientemente de eso, y aún con sus precariedades, diría que la serie es
útil. Palabrita compleja que podría hacer apología al instrumentalismo en la vida, pero me parece que la utilidad está aquí asociada a la idea de
pertinencia, por cuanto aunque la historia es un secreto a voces en nuestra pacata sociedad, el mérito de la serie es la puesta en escena de un tema medio tabú, una confrontación de ideas sobre un fenómeno de la banalización de nuestra sociedad que ha privilegiado históricamente las hipercantidades mamarias. Adicionalmente, en los últimos años, las tetas de 'talla familiar' se han convertido en un fetiche de la nefasta figura del 'traqueto', personaje ubicado en la gerencia media de la cadena del narcotráfico, a mitad de camino entre el sicario y el barón. La serie sirve a todos los que le han dado la espalda al fenómeno, a todos los padres complacientes que miran, apenas de reojo, las andanzas de sus hijas en esa espiral sin fin del dinero fácil.
Sin tetas no hay paraíso podría ser mejor, pero se acerca a una realidad a la que le hemos 'hecho el quite'.
Preguntas al aire: ¿La televisión es/debe ser el reflejo de la realidad? ¿La realidad es/debe ser el reflejo de la televisión?
PDTA: Caracol es el gran ganador y hay que sospechar también de su presunto interés educativo. Su rating llegó anoche a las 39 puntos, mientras que su competencia en RCN (Los Reyes) llegó a los 24. Una luz le sacó en un empuje que ha sido reforzado con el músculo informativo y propagandístico de todo el grupo. La W habló casi toda la mañana de la serie, y esfuerzos similares se han dado desde Caracol Radio (FM y AM), su precario morning show, los noticieros de televisión y sus programas de opinión en la media noche. Todo Caracol huele a tetas, palabra a la que habían escapado con eufemismos todos sus periodistas y presentadoras, y que ahora exponen sin recato.